Grabación dedicada a Ntra. Sra. de los Dolores emitida este Viernes Santo.  Realizada por KREA Publicidad.

 

 

Grabación con el «Motete» a la Dolorosa que  se interpreta cada Viernes Santo en el Calvario.  Voz de Emiliano Martínez. 

 

“¡Viernes Santo en Hellín! Luz y poesía:

nazarenos, redobles de tambores,

Penitentes con cruces, vendedores,

fe, entusiasmo, emoción, llanto… Alegría.

¡Viernes Santo en Hellín! Policromía

de túnicas de vívidos colores;

pueblo en masa luciendo sus mejores

galas, el sol radiante de este día… 

¡ Viernes Santo en Hellín! Su DOLOROSA

presidiendo el cortejo hacia el Calvario,

entre música, rezos y clamores…

Y tras Ella, una turba silenciosa,

que semeja de penas un Rosario

engarzado en su Trono de Dolores…”

 

Con estos conocidos versos compuestos por el sacerdote Antonio Sánchez González hace más de setenta años, evoco en esta atípica mañana de Viernes Santo marcada por el confinamiento provocado por la crisis del COVID-19 la que debiera ser la segunda, y para muchos más señalada, salida procesional de nuestra Dolorosa.

Hoy, como cada Viernes Santo al despuntar el alba, habrían de haber aparecido entre los tamborileros que deambularían desde horas atrás por algunas de las principales calles de Hellín, los primeros nazarenos que con paso presuroso se dirigieran hacía la Iglesia de la Asunción para participar en la procesión que se dirige al Calvario.

Los cofrades de Ntra. Sra. de los Dolores nos hubiésemos hecho cada vez más presentes por los alrededores del templo. Túnicas granates orladas de agremanes en plata y las cruces que portamos sobre nuestros hombros se hubiesen convertido paulatinamente en protagonistas en la escalinata de la Iglesia de la Asunción.

San Juan hubiese hecho su aparición para incorporarse a la procesión, a la vez que por la puerta principal hubiesen comenzando a salir el estandarte y los cofrades, ya formados, de la Dolorosa. Mientras tanto, aún dentro de la Iglesia, los costaleros hubiésemos comenzado nuestra andadura teniendo el especial privilegio de convertirnos en los pies de la Madre de Dios. La Virgen al llegar a la altura de la cancela del templo hubiese esperado para una vez llegado el momento salir a la calle, donde decenas de almas la esperarían para acompañarla hasta el Calvario.

Y hubiese llegado el momento. Imaginad ese momento. La Dolorosa acudiría a la cita con su pueblo y progresivamente su imagen comenzaría a vislumbrarse por la puerta, mientras que al cruzar el umbral de la misma, los sones de la Marcha Real hubiesen comenzado a sonar. La luz de la mañana primaveral hubiese ido conquistando poco a poco a la imagen de la Madre del Nazareno, pareciendo que los rayos del sol quieren recrearse en su soberana figura. En ese instante, los corazones de los allí congregados se hubiesen encogidos y en más de un rostro, las lágrimas fruto de la emoción hubiesen aparecido.

Lentamente, la Dolorosa hubiera superado las escalinatas de La Asunción para comenzar su caminar hacía el Calvario. Pronto la marcha del maestro Faus que lleva su nombre hubiese comenzado a sonar y la Madre Dolorosa entre rezos, lágrimas y el sonido de tambores lejanos hubiese comenzado su transitar por las calles.

La Portalí, Franciscanos, el Atajadero y nuestro emblemático Camino de las Columnas hubieran acogido el paso de la Virgen y de los cientos de almas que la hubiésemos acompañado en esta mañana; para una vez en el Calvario entonar las estrofas latinas del Motete y recordar a los que ya partieron a la Casa del Padre y ya disfrutan de la presencia real de la Virgen en el cielo.

Este año no reviviremos estas escenas aquí descritas, que a todos nos emocionan, pero estad seguros que nuestra Dolorosa o la “Madre”, que es como a mí me gusta llamarla, está ya en procesión en el trono de nuestros corazones.

Ella, que hoy es reina de nuestras mentes, sí que está en el Calvario. En este 2020, el Calvario ha tomado nombre propio con el de un virus que ha cambiado nuestra vida habitual. Nuestra Dolorosa está junto a la cruz de todos aquellos que de una u otra manera están siendo víctima de esta cruel enfermedad, al igual que estuvo junto a la cruz de su hijo,  el primer Viernes Santo de la historia.

Acompañemos a nuestra Madre desde el corazón y no olvidemos que ELLA nos está esperando siempre.

FRANCISCO J. GARCÍA NAVARRO