La imagen de Ntra. Sra. de los Dolores o de La Dolorosa, como popularmente es conocida en Hellín, es una talla de vestir realizada por el escultor Federico Coullaut-Valera Mendigutía en 1940.  Representa a  la Virgen María, no excesivamente joven, con los brazos extendidos, el rostro bañado en lágrimas y un puñal clavado en el pecho, siguiendo el modelo que en el siglo XVIII inmortalizara el célebre imaginero murciano Francisco Salzillo.

Precisamente, fue este escultor quien bien entrada la segunda mitad del siglo XVIII realiza una imagen de la Dolorosa para Hellín, la cual comenzó a ser venerada en la Iglesia Arciprestal de Ntra. Sra. de la Asunción y a participar anualmente en las procesiones de Semana Santa de la época. A partir de entonces, comenzaría a forjarse entre los hellineros un especial fervor en torno a esta imagen de la Madre de Dios que pronto provocó que esta devoción mariana se convirtiera en todo un referente dentro de la vida cristiana de Hellín, algo que se ha ido transmitiendo hasta nuestros días y que alcanza especial significación durante la Semana Santa.

Un importante impacto causó en Hellín la desaparición de la imagen de su Dolorosa durante las trágicas jornadas de la Guerra Civil, lo que provocó que, una vez terminada ésta, la ciudad entera se movilizara para tener de nuevo a su Virgen de los Dolores. Comprobada la desaparición definitiva de la imagen de Salzillo, fue el escultor Federico Coullaut-Valera el elegido para realizar una nueva imagen que fuera réplica exacta de la anterior.

La nueva imagen vino a ocupar desde su llegada en 1940 el lugar dejado por la imagen desaparecida, aunque no solo materialmente sino también en el corazón de cada uno de los hellineros.

 

 

La imagen de la Dolorosa hellinera ha mantenido siempre en su indumentaria los patronos dejados por el propio Salzillo para sus Dolorosas y que consiste básicamente en una túnica roja (en símbolo de la sangre derramada por Cristo en el Calvario) y el manto azul (símbolo de la pureza de María) que aparece terciado, a lo que se acompaña un tocado blanco alrededor de la cabeza y aplicado al manto.  Sobre la cabeza de la Virgen aparece una diadema de plata con las terminaciones en estrellas, mientras que en el pecho aparece clavado un puñal de plata como representación del sufrimiento.

A pesar de que la Virgen aceptó ser Madre de Dios y por tanto se convirtió la mujer más grande de la Historia, su vida también estuvo marcada por el dolor. Si los padecimientos de María fueron constantes, los sufridos durante la pasión y muerte de su Hijo destacan especialmente, siendo éstos los que aparecen magníficamente representados en nuestra imagen a través de esas lágrimas derramadas sobre el rostro, ese  puñal que le atraviesa el corazón (Simeón dijo a María, su madre, “ Y a Ti una espada te traspasará el alma”;  Lc 2, 34-35), yesos brazos extendidos en actitud de acoger a la humanidad representada en la figura del apóstol Juan (Jesús dijo a su madre: “Mujer ahí tienes a tu Hijo”, y luego dijo al discípulo: “Ahí tienes a tu madre”. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.; Jn 19, 25-27).